Quién manda el juego?

Quién manda el juego?
By Ita

Marta Bermúdez

"Ya no me da la gana de pedir indultos"

3 de diciembre de 2016

¿Y a nosotros quién nos cuida? A propósito del día del médico.

 
Ser médico es mucho mas que caminar con la bata ondeante en los pasillos de un hospital... implica una formación casi militar, no solo por los extenuantes horarios durante nuestras carreras sino también, por la obligatoria pelea constante entre lo que vemos en el día a día y nuestro yo, ese yo que siente una profunda empatía hacia el otro y que lucha hasta el cansancio por no dejar que sus emociones lo dominen.
 
Trabajamos muchas horas con gente profundamente enferma, no solo del rinconcito del cuerpo al que nos dedicamos sino también en todas sus esferas, personas muy pobres, a veces sin la adecuada red de apoyo, en medio de un sistema de salud donde la palabra insuficiente se queda corta... los pacientes vienen a nosotros buscando un salvador que muchas veces no lo es por los intríngulis del medio y otras por la naturaleza de la enfermedad, en nuestras consultas reina la frustración: EPS que no entregan los medicamentos, cirugías que no se autorizan hasta que es demasiado tarde, mínima oportunidad de llegar a los especialistas etc. etc. etc...
 
Y es que trabajamos con las uñas... Muchas personas creen erróneamente que vivimos como reyes, con sueldos extravagantes y nuestra súper consulta con aire acondicionado y pacientes sonrientes agradeciéndonos con creces.... la realidad es que somos un gremio golpeado por los ires y venires de la política, por tener la hermosa suerte de trabajar en este país que tristemente tiene mucho por mejorar. Lo que no saben quienes nos miran con envidia, es que a veces no nos pagan o nos pagan después de muchos meses, que nos vemos obligados a ver demasiados pacientes por hora y que a pesar de todos nuestros esfuerzos, a veces el sistema nos roba la salud de nuestros pacientes. No tenemos vacaciones, ni prima, ni prestaciones porque no tenemos ni siquiera contratos...
 
Pero yo que he tenido la oportunidad de trabajar en otros mundos, donde la seguridad social funciona, y he tenido esa "consultita feliz", puedo decir que durante este año he aprendido que quizás esa consultita no es la felicidad. La felicidad me la dan esos momentos en que me vuelvo una con mi paciente y lloramos juntos su dolor o celebramos abrazados la dicha de la salud. Las personas son lo mejor y lo peor de nuestra profesión. Trabajar con seres humanos desgasta, desgasta la paciencia, desgasta el alma y va horadando un inconsciente que nos hace llegar a casa pesados.
 
Que duros son los días en que  las cosas no salen bien, en que tuviste que dar malas noticias, en que sentiste en lo mas profundo de las vísceras el desconsuelo de otros, en que tuviste que provocar dolor físico, en que te agredieron (si, nos agreden a veces) o simplemente en que el cansancio nos derrumba. A veces no dormimos pensando en esa cirugía casi imposible que tenemos que realizar al otro día, y la repasamos una y mil veces en la cama hasta que suena el despertador.
 
Pero que bonitos son esos días en que los pacientes te abrazan, no solo con sus cuerpos enfermos y agradecidos sino con su vida, te traen una bolsa de sus tesoros mas preciados (van desde aguacates, hasta ropa, pasando por cuanta extravagancia se les ocurra) cuando tu sabes que probablemente no comieron en muchas horas o han tenido que hacer colecta familiar para el pasaje a la clínica. No hay nada mejor que curar a alguien, que brindarle a los demás ese bienestar que anhelamos todos, regalar felicidad y servir de bastón a los que no puedes salvar.
 
Ser médico no es fácil, es una odisea perpetua, una frustración permanente mezclada con ansiedades, rabia, ilusión, miedo, dolor inmenso y algunos momentos de mucha felicidad. Es entregar a otro tu don, que suena muy sublime... pero es que el otro te entrega su vida y eso señores, eso es lo bonito...
 
Feliz día del medico a esos que como yo, sufren la medicina, porque a los otros, a esos que van levitando con sus batas impecables y a quienes sus pacientes temen hablarles, a esos no deberían llamarles médicos.